Wednesday, July 26, 2006

Foto nueva de Fogwill: Pichiciegos en su quinta edición

En su quinta edición (Interzona), Los Pichiciegos de Fogwill despierta las pasiones de nuestra joven experta Inés Acevedo. Por primera vez en EXITO, una vindicación del chisme y la envidia, entre otras propuestas para una crítica literaria caliente

en EXITO www.hacemellegar.com.ar


En defensa del chisme
Los colaboradores de esta revista escriben sus notas en Word y las envían al diseñador, que las traduce a formato web. Lo digo para explicar que soy yo la que puso las dos fotos de Fogwill arriba de todo. Lo hice para recordar que Fogwill está vivo y es una presencia humana real.
La crítica y la literatura son escritas por gente como él, contemporáneos que viven en sociedad. Los que escriben sobre Fogwill lo conocen y hasta pueden ser amigos suyos, y yo me incluyo en la lista. Lo cité en ese restorán con la excusa de sacarle una foto para esta nota sobre Los Pichiciegos. ¡Fui sincera! Le dije que no necesitábamos hablar de literatura, que lo más importante era la foto. En realidad lo hice sólo para conocerlo.
Y no hay inconvenientes. Un semiólogo muy famoso llamado Oscar Steimberg una vez dijo: “¿cuál es el problema de los acomodos? Si yo fuera funcionario del gobierno también querría trabajar con gente en quien confío, o contratar a miembros de mi familia”.
El mundillo literario también es una Mafia y lo mismo la literatura. De “mafia” se dice que uno de sus posibles orígenes es el grito de una madre que reclamaba por el honor arrebatado a su hija: “ma fia”, de hecho la Mafia se denomina “la familia”.
Esto ya fue teorizado. Bloom habla de la literatura como una gran familia, cuando propone la angustia y la envidias de los escritores a sus mayores como un motor para sus literaturas.
Para pensar la teoría de Bloom aplicada a la crítica pongo la foto de Fogwill arriba de todo, porque la imagen un escritor que admiro y sobre cuya obra escribo está arriba, en un pedestal criticando lo que voy a decir.
Quiero hablar de la relación entre los sentimientos y la literatura. Si un crítico escribe sobre la literatura de sus amigos es porque cuando uno lee un libro que le gusta, enseguida quiere ser amigo del que lo escribió.
Y se puede usar esto como una herramienta de abordaje crítico. Ante un poema confuso, preguntarse ¿yo sería amigo del que escribió esto? Y de ahí seguro que surge un sí o un no. Y después, a partir de cada respuesta, se puede explicar por qué.
Puede parecer básico, pero no es tan sencillo saber lo que a uno le gusta. (Aparte de que debe haber un proceso histórico del verbo “gustar”. Ahora, en una sociedad de consumo ese verbo se usa mucho, pero en otras épocas no debe haber sido así).
Parezco lejos de Los pichiciegos, pero ya me voy acercando.

Cuando hablan los curiosos
Hay un chiste perverso que los adultos les hacen a los niños sin darse cuenta de que si el chico no lo entiende puede quedar angustiado. Es ese en el que ante la pregunta “¿para qué sirve esto?” responden “para hacer hablar a los curiosos”.
Esto, que es aplicable a la literatura y a la crítica, aparece en Pichiciegos. “Me calienta saber” dice Quiquito.
Los sentimientos no sólo no tienen origen sino que vienen todos por el mismo cable, no se puede separar entre buenos y malos, y todos son importantes para la crítica literaria. Lo que nos calienta: los celos y la envidia son, al fin y al cabo, amor. Por más que se los considere como algo negativo, en realidad no hacen más que indicarnos cuáles son nuestros verdaderos deseos. Nos dan conocimiento acerca de nosotros mismos, lo cual es muy valioso para entender qué estamos haciendo, es decir, ser verdaderamente críticos.
Por más que la idea del escritor romántico haya sido rechazada, sigue habiendo algo irracional en una persona que se sienta a escribir y a decir algo que nadie le preguntó. Ante un crítico que se sienta a escribir también hay algo absurdo. Es un proceso que se asemeja bastante al nacimiento de la literatura.
Las personas viven reaccionando y el mundo funciona así, con preguntas y respuesta, pero la literatura es algo caprichoso, porque verdaderamente no responde a nada. Está fuera pero al mismo tiempo no puede estar afuera porque tal cosa es imposible. Entonces vienen los críticos y dicen “esta literatura está adentro del mundo porque “a”, “b” y “c”.” Pero en realidad al escribir eso lo único que hacen es decir, “esta literatura está adentro del mundo porque “yo”, “yo” y “nosotros”.
Por ejemplo, viene alguien que se enamoró de un libro de poemas como El guadal, de García Helder, y termina hablando de Eloísa Cartonera y las editoriales de poesía. ¿Cómo hizo para dar el salto? Alguna forma encontró, y eso con la literatura no es tan difícil de hacer.
En el caso de Pichiciegos, esta novela provoca en Sarlo ganas de hablar de “los saberes” y en Schwartzman, ganas de hablar de “los cielitos”. Eso es lo que a ellos “les calienta” contar. Evidentemente aparece un “deseo loco”, deseo realmente “loco” en el mismo sentido en que la literatura es “loca”. Leo la lectura de Pichiciegos de dos serios académicos: uno habla de “los saberes”; al otro le interesa la literatura gauchesca y se apasiona con “los cielitos”. Ambos tienen una carrera y una vida dedicada a esos problemas. ¿De dónde viene? No hay respuesta. Para una persona que lo piensa fríamente, temas como “los saberes” y “los cielitos” suena a un delirio total, es decir, no remite a nada.
Escribieron todo eso en un momento de calentura.

Los calientes
Esto lo pienso porque lo leí en Pichiciegos, y en otras novelas de Fogwill.
La idea de que el deseo provoca literatura, y el deseo es la única realidad verdadera. Las tres novelas –Pichiciegos, Vivir afuera, Runa–, en el momento en que se disparan a la ficción total, aseguran que “creer o no creer no es lo que importa. Importa lo que quiero, y lo que hago. Importa lo que me calienta, es decir, lo que me gusta, y chau”.
Fermín Rodríguez le dijo a Fogwill, en una charla que se organizó en la facultad de Filosofía y Letras, que aparecían en Los Pichiciegos cosas que calentaban a los personajes. Es cierto, respondió Fogwill, “me interesan las profesiones calientes. La guerra, el comercio y la literatura”, dijo.
Creo que a éstos también se puede agregar el sexo, que aunque no es una profesión sí es una actividad que, según Freud, ocupa el noventa y nueve por ciento de la cabeza de las personas, aunque no se den cuenta de eso.
Y, siguiendo a Schwartzman, en la novela se erige el matiz fálico del término “Pichi” en una comunidad donde además son todos varones. En la primera edición, antes de que Pichiciegos se institucionalizara, aparecía Pichy-cyegos con un guión en el medio. En España existe la “picha”, que es nuestra “pija”. Y por el lado de la guerra, también hay relación filológica: existe la palabra “penacho”, que es justamente lo que llevan los capitanes en sus cascos y los indios en sus atuendos militares. Y hay otra palabra fálica: “pirincho”, que sería lo mismo que penacho pero en vez de estar hecho de plumas es de pelo natural y también lo pueden tener las mujeres. En ellas no remite tanto a la guerra sino más bien a la locura, a tener “los pelos parados”.
Durante la guerra de Malvinas, los pichi ciegos están re calientes porque no cojen. “Culo” es una de las palabras que más aparece. Son soldados que están enterrados en una trinchera traidora a la patria, comercian con el enemigo, y además están cagados de miedo porque en cualquier momento se pueden morir.
Guerra, comercio, represión sexual y miedo son estados mentales bajo los cuales la gente se deschava. Cuando te estás por morir hablás como loco, cuando estás nervioso te reís y decís boludeces, cuando querés venderle algo a alguien le contás un chamuyo, cuando estás reprimido se te escapan un par de delirios que te deschavan, pero como estás recontra reprimido decís una cosa que no la entiende ni Dios. (El tópico de la ficción social ante lo reprimido lo comenta Piglia, para hablar de la época del Proceso: ante el conocimiento de que hay miles de desaparecidos y que en la guerra de Malvinas todos los pibes van a morirse reventados contra los ingleses, la gente empieza a rumorear que ve trenes de noche, que van para el sur y que adentro tienen féretros).
Pichiciegos fue escrita durante la dictadura militar –justamente el pasaje de la dictadura a la democracia fue lo que deslumbró a muchos en la época–. Para la época de Martín Fierro cantar era quejarse, pero para la época de la dictadura este verbo pasó a implicar algo muy diferente: cantar era alcahuetear. Como en Martín Fierro, contar era cantar, pero podía significar para el que deschavaba, salvarse, y para los deschavados, la muerte.
Los pichis cuentan desde debajo de la tierra, y solamente pueden contar ahí: debajo de la tierra, porque si salen son muertos, pero su presencia ahí abajo también los convierte en muertos y en fantasmas.
Ellos son “los calientes”. Los fríos y los helados son los que ya no cuentan el cuento.

Chamuyos
El autor de “Muchacha Punk” es mucho más famoso por ese cuento que por el resto de sus novelas. No es casual, los cuentos son lo que mejor le sale.
Estas novelas de Fogwill –pienso en tres, Pichiciegos, Runa, Vivir afuera– pueden ser pensadas como grandes aparatos hechos para contar historias. Se reúnen determinados personajes que se cuentan cuentos entre sí.
En Vivir Afuera hay otros estados propicios para el deschave, como el sexo, donde aparecen confesiones, relatos del pasado, chismes; el levante, donde se trata de hacer el verso, vender una historia, y donde es posible inventar un nombre falso –Mariana se arrepiente de haber dado su nombre real–. En las transas y mejicaneadas el chamuyo es fundamental. Dos de las tres parejas están bajo estados narcóticos: la cocaína y el porro los desinhiben, los hacen decir y preguntar. Y en el ritual de drogarse de a dos parte del efecto de la droga tiene que ver con el que está con vos cuando te la tomás.
Hay un momento en que las tres novelas “arrancan”. El ritmo se dinamiza, y eso tiene que ver con la aparición del tema de la ficción y del narrador en el relato. Ambas cosas estabilizan la forma en que se insertan los relatos en la historia.
En Pichiciegos –como marca Schwartzman– la aparición de las monjas precede al momento donde el narrador se materializa. En el capítulo de las monjas el tema es el de la veracidad o no, de “las aparecidas”. Comienza con el problema de creer o no creer y la verdad:
“Casi nadie creía en Dios. El dudaba. Viterbo decía no creer. (...) Aunque ¿quién puede descartar que cuando se iban a dormir rezaban? (...) Nadie lo puede descartar. ¿Verdad?”
A continuación aparecen las monjas y automáticamente los pichis empiezan a contar. Pugliese se estaba volviendo loco “porque contó que oyó voces”. Y luego “Contaba Viterbo: – Las vi yo, las vio él. (...) Viterbo, en cambio, contó la historia varias veces -agregaba, quitaba cosas, y cada vez parecía más cierta”.
En ese momento los Pichis se dividen entre los que creen y los que no pero “igual impresiona sentir la impresión que trae el que la cuenta por el solo hecho de contarla”.
Al final de ese capítulo el narrador aparece en un trabalenguas confuso:
“– Y vos Quiquito, ¿creés que yo creo esto que me contás? – le pregunté.
– Vos anotalo, que para eso servís”.
La aparición de las monjas hace hablar a los Pichis y se desencadenan los relatos sobre sí. A partir de ese momento “Lo más hablado fueron ellos mismos”.
Esta es exactamente toda la segunda parte de la novela. La más jugosa, porque aparecen: la relación entre Quiquito y el Pichi; los cuentos mejor contados: la oveja que explotó en el aire, la visión del Pucará, el que se hizo amigo de una víbora; y las referencias a la literatura y metaficciones, el personaje Manuel (referencia a Puig) que cuenta películas y luego coge con un inglés, y además Quiquito, el narrador, cuenta un cuento al Picho y le dice que es de Quiroga.
En Runa sucede algo similar. La novela toma vuelo con el capítulo “Creer o no creer”, que habla sobre las historias que se cuentan los runas. En el siguiente capítulo aparece al mismo tiempo la primera persona del narrador y la referencia al que escucha su historia “Te hablo como un sabio”. A partir de ahí las los relatos se van hilvanando según este problema “creer o no creer” y toman una velocidad que desemboca en el final, donde las críticas al lenguaje del que graba se multiplican y llegan a un punto culminante cuando el narrador lo invita a contar al que graba.
La novela entera es la primera línea de un diálogo que aguarda una respuesta que no conocemos. La literatura invita a hablar.
En Vivir afuera le dice Wolff a Mariana:
“– Una curiosidad, ¿por qué contás tan bien cualquier historia?”.
Ella piensa que es un reproche y entiende “historia” por literatura.
”– Loco, yo no te invento nada... te conté la verdad. ¡Me pasó! Pensaste que te inventaba?
– ¿Y a mí qué me puede importar si es inventada o no? Yo te oigo y me gusta lo que contás y chau”.
Me gusta ese “chau” porque pone en escena nuevamente un diálogo que se corta.
Gombrowicz también dijo eso: “yo no puedo decir esta sopa es buena. Pero sí tengo todo el derecho de decir 'esta sopa me gusta'”.
Me gusta o no me gusta, y chau. No importa lo que creo sino que lo quiero. Lo que me calienta es la única realidad verdadera.
La novela es como forma una solución para el Fogwill narrador, así los cuentos no están solos y no necesitan justificarse.
Este es un problema que se genera al momento de escribir. Tener que dar explicaciones, responder, como diría Bloom, a todo el resto del canon; entonces todas las decisiones que tenés que tomar –quién habla, qué cuenta, qué estilo, si el realismo o qué realismo– son decisiones políticas.
Tal como los cuentos de Los Pichiciegos están guardados, escondidos debajo de la tierra, todos los cuentos que aparecen en las tres novelas de Fogwill están adentro, a salvo en la literatura, y por eso no tienen que pedir permiso para nada. Así se salvan de los peligros del miedo.

Poemas del Mundial: Poetas transpiran la camiseta

Post-post Alemania 06: el mundial disparó algunas conexiones secretas entre el deporte y la literatura y aquí las relevamos.
En ÉXITO www.hacemellegar.com.ar

“Después de la derrota un chico tiró la tele al piso y su casa se incendió” http://www.clarin.com/diario/2006/06/30/um/m-01225669.htm
“Tévez, qué bien se tevé”
Anónimo
“Trabalenguas: arbitro tramposo”
www.fotolog.com/enlarge
Mejor empezar con mucho epígrafe, porque tengo cosas para decir, y todas difíciles. Lo bueno es que nada me impide meter la pata. (A esta altura del partido las metáforas futboleras me muestran su lado siniestro).
Hagamos una mezcolanza que ni Dios la entienda: hace un tiempo nos reunimos editores y reporteros de esta revista, y hubo quienes sostuvieron con fervor la necesidad de contenido crítico. Yo ahora, firme partidaria de la frivolidad y el chismorreo, me encuentro en un brete al hablar de un tema tan comprometido como la derrota de Argentina ante Alemania.
No, la derrota no. Mejor pensar en el fútbol. Con paciencia... El fútbol es importante. Me gusta el sabor del encuentro. Si no vi los partidos fue por temor al desborde emocional.
El fútbol me iguala. Pero no me iguala a cualquiera. Cuando estaba en el medio de la calle y quise averiguar si habíamos perdido, noté que no se lo preguntaba a una mujer de Caballito que salía de su departamento, sino a un obrero de la construcción.
Y lo de “no paro de abrazar a extraños“ está por verse. De chica me enseñaron que a los extraños no se los abraza.
Un sociólogo llamado Norbert Elias, en los años cuarenta, sobre el deporte y el ocio: “la modernización en los países desarrollados empezó a evitar catástrofes como el hambre y las pestes, la gente estuvo ansiosa por sentir pasión. Burgueses, clases bajas, todos lo lograron en la cancha. El fútbol ponía en escena guerras, revoluciones, la conformación de los estados nacionales. Emoción de entrar en acción contra un país vecino”.
Hoy, un poeta amigo: “todo lo que hago y escribo durante el mundial tiene que ver con el mundial”.
Yo ya estoy creyendo que esa frase es útil para pensar en el fútbol.
Habla de un estado de ánimo que no puedo entender. Me obligo a pensar en el mundial, pero no siento... Sí sentí pasión, pero pasiones egoístas como: “no voy a leer más las notas de Cucurto en ESPN” o “el chico que me gusta va a estar con cara triste, sería algo nuevo, qué interesante”.
Evitar fascismos. El fútbol es un deporte que divide el mundo entre los que lo aman y aquellos a los que les es indiferente. Lo cual pone en escena la potencial incapacidad de entendernos. A veces una persona no puede acceder a la experiencia del otro. Y es natural. Detesto las condescendencias.
Yo no entiendo, no sé lo que es el fútbol. Pero la ignorancia es difícil de reconocer. Como cuando una persona va caminando por la calle y alguien le pregunta “¿conoce la calle X?” y la persona responde, “sí, es acá a la vuelta”, pero en realidad no tiene la menor idea, y está diciendo cualquier cosa, porque es incapaz de decir “no sé”.
El fútbol me conecta con personas y me desconecta con otras. Desata pasiones, pero entre los que gustan de él.
¿Y qué desata entre los que no gustan de él? Tal vez algunos de estos poemas responda a esa pregunta.
Estos textos podrían tener una colocación geográfica: algunos dentro de la comunidad futbolera y otros afuera de ella. Tal vez parezca medio tonto decirlo, pero no los debemos leerlos de una misma forma sólo por el hecho de que están juntos...
Primer tiempo: de Pasolini a Vox
(Ver más de todo esto en una nota de Marcela Mazzei que muestra consecuencias literarias y artísticas del Mundial).
Pasolini: “el goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año”. Vinicius de Moraes escribió “El ángel de las piernas tuertas“al futbolista Manuel Dos Santos, “Garrincha”. ”Juego nefasto y estéticamente feo”, opinaban Guillermo Cabrera Infante y Borges. Y Albert Camus dijo: “cuanto de importante sé de la moral humana, lo he aprendido en el fútbol”. Soriano le dedicó un libro de 18 relatos donde aparecen él y Maradona (“Memorias del Míster Peregrino Fernández y otros relatos”). Horacio Quiroga, en “Suicidio en la cancha”, narró el caso real de un jugador del Nacional que se pegó un tiró en el círculo central de la cancha.
En otro orden de cosas, Vox lanzó hace unas semanas el Prode del Mundial. Si acertabas te ganabas la suscripción por un año a todas las publicaciones y una serigrafía de Prior...
ADVERTENCIA ANTES DE CONTINUAR: En el arte no hay “temas inevitables”.
Sepan que algunos de estos poemas no fueron escritos durante el mundial.
Segundo tiempo: poemas mundialistas
1
Hace dos semanas. La típica actitud del “contra”. Es el/la verdader@ indeterminad@ porque se sitúa en medio de dos extremos: elude la apatía y elige la pasión pero no para amarlo sino desdeñarlo:
Es de Violeta Canggianelli. http://nadaparadar.blogspot.com
VENDREDI, JUIN 09, 2006

el mundial en mi vida no tiene ningún lugar

no me interesan los partidos
no me interesa la selección
no quiero ver propagandas de fútbol
me aburren los torneos
no entiendo a los que gritan los goles
no admiro ningún jugador
me calienta la risa de ronaldhiño. eso sí.
2
Un año atrás Ricardo Piña publicó por Eloísa Cartonera “Sentimiento Bielsa”, poemas - himnos que mezclan diferentes mordidas de polvo de la historia nacional.
Ver poemas completos en http://www.revistavox.org.ar/virtual19.htm#bielsa
Monstruos inocentes,
o el tercer encantamiento
del señor Bielsa
“Vuelven de su inmersión, rumbo a la superficie, colmados por el ansia feroz de estar con vida”
Seguimos ciudadanos
de aquel país iluminado
de los años treinta.
Le dimos alimentos al poder
y ellos nos hicieron creer
que éramos dueños.
Ahora tenemos ollas vacías
y las miradas turbias en cada frontera.
El mundo vocifera y nos desprecia.
La fragilidad siempre fue la esencia de nuestra siembra.
Y ahora quieren despojarnos de lo poco que queda.
Reparamos un equipo con los mejores hombres.
Aimar, Chamot, López, Almeida...
Jugadores inteligentes.
La exquisitez siempre, ante todo.
Lo más codiciado.
Las alegrías puestas
en todas las combinaciones posibles hacia el mejor lugar.
Mientras los inmortales del micrófono hacen resonar
sus opiniones
como ecografías
de sus propias e inútiles existencias
Cuánto preocupan cuando malgastan sus interpretaciones
para desviar maliciosamente los hechos mismos!
Tanto
se puede justificar
como para demorar
con los reclamos de justicia y de propiedad?
Quieren enceguecernos
con las bienvenidas
imperceptibles
de los tripulantes del país a la deriva?
lunes diez de junio de dos mil dos el viernes siete acabamos de perder con Inglaterra 1 a 0 en buenosayres miserable.
epígrafe de carlos marzal (valencia – 1961) de “los anfibios”
3
El sexo débil lucha por alcanzar... la copa. En su novela "Una chica menstrúa cada 26 ó 3 días y es normal", Dalia Rosetti narra las peripecias de un equipo femenino. En el colmo de la calentura recita ella misma dos poemas:
Oh amor

Quiero besarte y no puedo.
No sé que soy.
Soy un fantasma.
Mis días son noches.
Mis noches son días.
El fútbol es mi pasión.
Tu cara está en todas las caras del espectáculo
y vos sos un fantasma mas transparente que yo.
Este poema de amor total
lo escribo sin lágrimas
porque hoy no he bebido
porque hoy soy una chica buena que he hecho todos los ejercicios
que escribe cosas buenas
constructivas
que intenta ser buena.
La noche brilla con la luz de la vela
y la luz del recuerdo de las estrellas que vi alguna vez.

Oh amor dos

Aprendí a escribir poemas de amor
como aprendí hoy a hacer nuevos ejercicios.
Soy una gata astuta que quiere ganar.
El amor me enseñó muchas cosas
El amor no me deja dormir
pero igual vengo al entrenamiento porque
es mi
VIDA.
Las chicas bailan alrededor de la pelota
peinadas por un peluquero re famoso.
Los chicos bailan también
alrededor de la pelota.
Ellos ganan mucha plata.
Aún el mundo es injusto
pero para eso
las ovejitas trabajarán mucho.
El mundo está cambiando
en la sonrisa de cada persona
¡Sonreír!
¡Qué lindo!
Ahora también escribo canciones
y les haré un gran fogón con mi banda
Todo está bien...
Nos relajamos con sonrisas en nuestras caras
y mientras pongamos todo por esta camiseta
todo va a estar más que bien.
4
Proust dijo que amamos con desesperación ese universo que nos oculta nuestro ser querido –nos queremos comer su vida, saber de qué color son los ojos de sus padres. Y mucho después Borges, en el cuento de Beatriz Viterbo, repite la misma idea al revés: ¡qué asco acceder al universo familiar y darse cuenta de que tu novia es el calco difuso de su hermana!
Hace una semanas, Fernanda Nicolini leyó algunos poemas en Club Huno, y entre ésos éste, que habla de estos descubrimientos.
¿Este es mi hombre?
es cuando cruza el cable
por debajo de la puerta
y pide que me agache
y pide que sostenga
entonces son sus manos
de obrero high class
que habla de fischer y phillips
y me cuenta qué es un volante
podés jugar con tres o cuatro
y se define
volante creativo.
5
¿Seguirá escribiendo Ezequiel Alemian el diario del Mundial?
Pensemos que sí, porque sería muy jugoso! Entonces, mientras se escribe esta reseña, Ezequiel Alemian, tal vez despierto a medianoche, pone termómetro a las experiencias de un intelectual urbano, y como Sollers en “Diario del año del Tigre” deja que el Mundial lo acompañe en sus paseos por la ciudad y relaciones personales –que lectores y lectoras gustarían ver multiplicadas, tal como sugiere un comentador anónimo que posteó en www.fotolog.com/exito unas líneas demandantes: “sexo! apretados como abrazo de gol”-
“Diario íntimo del Mundial” se publica en esta misma revista, y el link ya rebota por diferentes blogs y fotologs.
El diario se vuelve aburrido cuando no entendemos de lo que está hablando. Valen más los chismes y las caminatas por la ciudad, donde el mundial se va diluyendo en pensamientos como “¿Cuál es la motivación para hacer lo que uno hace?”.
Pero se vuelve excepcional cuando muestra de qué manera misteriosa en la vida de una persona el fútbol se pone en contacto con el “deseo de lamer la piel caliente de una porrista”. ¿Cómo pasa de una idea a la otra? Aquí logra resolver un verdadero problema literario.
Por otro lado el texto tiene un hilo seguro: son las frases hermosas de un típico diario. “Día gris, de lluvia fina y constante, con mucho frío y un viento intermitente, por momentos muy intenso. Wok de verduras con pollo, té y facturas, Fanta, sopa.“ Así termina el post del día de hoy, 26, que es el mejor de todos.

6
¿Al fútbol quién lo entiende? Santiago Llach y más hermetismo marca Poesía al Tún-tún:
http://monolingua.blogspot.com
Este chiste de Dani Umpi lo entendí: “Gabriela Pekerman” (pronunciado en el cumpleaños de talentoso joven diseñador). Ingeniosa y elegante combinación de fútbol y poesía.
7
Para terminar, la literatura valiente de Mariano Blatt. www.fotolog.com/nebraskanevando:
Poemas incrustados en fotos, poemas “mergeados”, sellados en la imagen por el Photoshop, posteadas en un fotolog. Poemas que no permiten la edición del autor.
En el primero, la seducción de la imagen, (¿quién diría hace unos años que en la tele se pudiera ver en primerísimo plano la mano de un enfermero poniendo pomada al muslo de un futbolista?).
En el segundo el locutor desaforado recorta con precisión el imaginario del chongo concheto.
Con qué limpieza
con qué magistral claridad
la selección portuguesa
arma y resuelve la jugada del contraataque.
Efectiva, fluida
la pelota pasa, vía área,
de un lado al otro del campo.
A velocidad ideal, suficiente para que no la alcance el rival
justa para que el director de cámara
evite hacer un cambio brusco.
En el espectador
la jugada provoca placer.
La imagen es limpia, la táctica inteligente.
No hay, en ese momento, ninguna preocupación.

Juani

Un amigo que se llama Juan Ignacio Francisco,
tiene ojos celestes
y campos en Pergamino.
De eso: la forma en que con alegría se emborracha
mi amigo Juani. Por otro lado
un comentarista que se limita a un “qué golazo”.
De esto otro: sobre lo que nos supera
decir lo menos posible si es posible
no decir.

Flavia Da Rin: Actos de amor

Busan –Korea-, Frankfurt, Ushuaia, Santiago de Chile y Buenos Aires son las ciudades donde muestra este año. En el 2005 la fundación Cartier eligió su obra para promocionar una exposición de artistas internacionales. Dos años antes ganó el premio Currículum Cero de Ruth Benzacar y fue –se dijo- la favorita de Guillermo Kuitca. A continuación, pasado, presente y futuro de Flavia Da Rin.

en G7


¿Viste esa chica rubia que está en un baño secándose el pelo mientras su doble la mira? Bueno, esa es Flavia Da Rin. Ella es la artista y también la modelo que sale en la foto. Usando el Photoshop puede hacer “de todo” con su cuerpo: si quisiera podría hacerse un lifting digital en cuestión de minutos. Podría falsificar su pasaporte y atravesar la frontera bajo la identidad de Madonna. Pero hace unos años eligió duplicarse.
Eran imágenes cotidianas donde una Flavia observaba a la otra en lugares íntimos, en la ducha, o las dos acostadas en la cama, vistiéndose, o saliendo de la casa. No eran escenas alegres sino dramáticas: la chica que espía en la ducha cómo su doble juega con el secador de pelo parece tener miedo de su amiga: si a ella se le ocurriera tirar el secador en la bañadera eso podría representar una muerte fatal... Eran exploraciones inquietantes que hablaban de estados de ánimo difíciles de dominar. Sobre cómo tu otro yo puede ser “un acompañante especial”. Sobre cómo es la relación con uno mismo cuando uno no se soporta, quiere ignorarse, o está deprimido.

La obsesión del lifting digital

Otra posibilidad: Flavia Da Rin es hija única. Y en alguna entrevista dijo que cuando era chica “jugaba sola”. También hay algo de esto: estoy sola y aburrida, miren cómo me divierto duplicándome.
Pero la frase “jugar sola” también tiene que ver con el Photoshop. Para el resto de los mortales es un programa que sirve para editar fotos. Para ella es como el living de su casa, su obsesión. Es lo que sé que está haciendo cuando antes de llegar a entrevistarla la veo a través de la ventana iluminada por la computadora.
De hecho algo muy parecido al Photoshop fue el mejor amigo de su infancia. Cuando tenía nueve años le regalaron una PC que traía un juego tipo Paintbrush llamado “Color Me” con imágenes para colorear. Su papá le diseñó un archivo con el dibujo del contorno de una Barbie. Todos los días Flavia lo abría y le pintaba el pelo, la cara, el fondo, la ropa. Cada día “jugaba sola” y diseñaba muchas Barbies diferentes. “Creo que mi obra viene de ahí”, pero asombrosamente también explica que durante su adolescencia no pensaba ser artista. Entro a la escuela de arte Pueyrredón Casi por descarte y recién ahí se dió cuenta de que la pintura no le alcanzaba. “Me faltaba velocidad, y el resultado no me convencía. Me deprimía”. Entonces empezó a sacar fotos –primero de muñecas Barbies-, y a agregarles detalles usando el Photoshop. Después vinieron las duplicaciones, y desde ese momento ya no paró.

My own private album

Pero el Photoshop, a pesar de ser lo mas característico de su obra no es lo único.
En el 2002 gano el Premio para artistas jóvenes Currículum Cero, de Ruth Benzacar. Eso significaba tener una muestra individual en la galería el año siguiente. A esa altura ya había hecho dos muestras con fotos. “En esa época algunos me decían “fotógrafa” y eso me ponía un poco en crisis porque yo consideraba que no era lo único que hacia”, cuenta. Para ella esa muestra fue “liberadora”. Es que había una mezcla de técnicas vertiginosa: dibujos en papel y sobre la pared, en crayón, brillantina, acrílico, diarios íntimos, apuntes, letras de canciones, fotos comunes y otras de estilo fosforescente, piezas textiles diseñadas con Marina de Caro. Y también en esa muestra comenzó con la técnica que usa ahora. Son dibujos sucesivamente escaneados, impresos, y vueltos a retocar en el Photoshop, de manera que el resultado final parece una acuarela o una pintura... pero es una foto.
Además de todo eso, para entender su obra, tenemos que incluir una lista del imaginario de los ochenta que aparecía ahí de algún modo. She-ra, Gems, Robotech, Rainbow Bright, J & JOE, Transformers, Moria Casan en Monumental Moria, donde ella usaba estrellitas con brillitos en las tetas, y hacia de Rita Turdera, Gilda, la Guerra de las Galaxias, Volver al Futuro, Indiana Jones, Odisea Burbujas, Comodore 64 y todos los juegos electrónicos, el manga y el anime forman parte de su pasado pero algunos fueron recuperados por Internet y vueltos al presente de la galería de arte.

Kill Bill en “La novia” o “Los hombres de mi vida”

Personajes bíblicos, santos en éxtasis o tormento. Retratos en primer plano de seres con los ojos gigantes –incluido un gato-. Los que aparecen en las fotos nunca son desconocidos suyos. Son amigos íntimos, novios, ex novios, su papá, su gato... “Soy muy apegada a todo, a mi novio, a mis amigos, a mi familia, a mi psicóloga, a Buenos Aires. Me cuesta dejar a la gente que quiero”, confiesa ella.“Pero nunca guardo fotos personales de amistades o íntimos. Cuando me peleo con un novio borro todo”. Y se dio cuenta de que lo que le queda de algunas personas con las que ya no tiene relación es su propia obra.
Después de todo esto, uno podría preguntarse qué es autobiográfico y qué es ficcional. Pero para Flavia la cuestión es otra: “es como un álbum ficcional: tomo elementos de mi vida y los sazono. No se cuánto muestro de mi mundo íntimo. No me interesa poner mi vida sobre la mesa. Creo que si pongo gente que quiero no es para mostrarme a mí sino como un homenaje a esas personas. Tiene que ver más con un acto de amor. Con perpetuar la imagen de una relación y tener la fantasía de que por lo menos ahí va a quedar. Eso es lo que me gusta hacer. Y si en el futuro me fuera mal vendiendo mi obra me buscaría un trabajo y a la noche haría fotitos. Es mi pasión.”


La muestra en Fundación Cartier


La Fundación Cartier le pidió a artistas que ya habían mostrado ahí que recomendaran a otros. Uno de ellos fue Kuitca, que mandó a la representante de la Fundación a la Beca. En ese momento Flavia estaba en Panamá, en la muestra “Civilización y Barbarie”, pero dejó un planito con indicaciones y sus papás fueron a su taller y montaron las fotos. Después se eligieron varias obras y una de esas fue seleccionada para el catálogo y para la imagen de la muestra. “La veo hasta en la sopa” dijeron algunos conocidos que mailearon para decir que su foto inundaba las calles de Paris.

Oligatega Numeric: Que comience la ficción!

Se definen como narradores. Su mayor placer es sembrar confusión.
Oligatega Numeric es un grupo de artistas multimedia, pero sus instalaciones se acercan más a escenas de ciencia ficción que a obras de arte tradicionales. Aquí, un recorrido por siete años de trayectoria: caos, belleza y, por qué no, principios de incendio.

Por Inés Acevedo y Claudio Iglesias
en G7

Son cinco. Y como las Spice Girls, cada uno tiene su personalidad. Mateo Amaral Junco: programador, animador, compositor de música electrónica. Maximiliano Bellmann: especialista en sistemas electrónicos, pintor. Alfio Demestre: artista de la luz. Mariano Giraud: pintor tridimensional. Leandro Tartaglia: conjetura textos, sonidos y dibujos.
La historia suena a “Friends” o a “Verano del ‘98”: Se conocieron cuando estudiaban arte en la Prilidiano Pueyrredón y se hicieron muy amigos.
Su primer trabajo juntos fue un video, “Monos en el Museo”. Era el año 2000, estaban montando una muestra de Antoni Muntadas y se quedaron toda una noche encerrados en el MAMBA grabando imágenes de “lo que pasaba en la oscuridad”. A partir de entonces sus instalaciones incluyeron no sólo videos, también música, escultura, pintura, dibujos, máquinas y robots... En ese recorrido también hicieron intervenciones urbanas y formaron una banda experimental ultra under: “Rondamones”.


Ficciones y Fetiches

A veces sus instalaciones dan miedo. En “El Enorme”, desde una cueva de humo un robot parlante emitía sonidos y largaba un aliento congelado (había tanto humo en la Ciudad Konex, donde se realizaba la muestra, que llegó un cuerpo de bomberos, reacio a las finezas del arte contemporáneo).
En “Mobo 6 dice” otra máquina, desde el centro de la sala, leía documentos y producía a su alrededor largas tiras de dibujos rupestres... de un paisaje marciano... En “Crimental Kitchinet”, en el Centro Cultural San Martín presenciábamos la escena de un crimen terrorista, y había bombas diseminadas por todo el edificio. ¿Alguien puede adivinar, a partir del título “oldujici olkohdu conscienzoids”, de qué se trata esta obra? No asustarse. Un inofensivo robot telescópico.
Es que sus instalaciones remiten a un personaje fantástico que no conocemos. Ellos confiesan que esa misteriosa voluntad que nunca aparece del todo quizás no sea otra cosa que la misteriosa cohesión que une al grupo.
Ya su nombre, Oligatega Numeric, genera intriga. La leyenda dice que en una noche marcada por contactos místicos uno de ellos vio algo irreconocible y lo llamó “un oligatega”. Nunca sabremos si se trató de un marciano, un enviado del futuro o qué.

Compañía de Desorganización Ilimitada

Al revés que otros colectivos de arte (GAC, Taller Popular de Serigrafía, Etcétera, entre otros) organizados democráticamente Oligatega tiene un método de trabajo que consiste en “fomentar la confusión”.
Al principio trabajaron con la filosofía ciberpunk de usar la tecnología en contra de su funcionalidad. Por ejemplo, abrir un archivo de texto con un programa de audio que interpreta el texto como si fuera un sonido y lo traduce en un ruido insoportable. En una de sus primeras instalaciones, “Maravilla Teknovilla”, hicieron los dibujos usaron la técnica: “inserción de una impresora en un proceso culinario”. Hirvieron la impresora, la hornearon y pusieron en un microondas. Con los pedazos de plástico armaron pinceles y usaron la misma tinta diluida en agua.
Actualmente su método de trabajo es similar. Es una cadena de acciones donde uno elige un objeto y se lo da a otro, que hace algo con él y se lo da a un tercero, etc. Es una parodia del montaje fordista que siempre da un resultado inesperado. La historia que arman, dicen, es lo que aporta cada uno con un poco de su imaginación para que los demás lo reciclen. Al final decanta una construcción narrativa de autoría plural, y “Oligatega” es el nombre de esa “herramienta colaborativa” que usan para trabajar.
¿Y cuál de todos es el líder? Es claro que no hay. Tal vez aquí esté la clave de su duración. Para ellos, un proceso de creación colectiva no tiene dirigentes.



Mucho Kubrick dando vueltas

Fanáticos declarados del mítico autor de ciencia ficción Philip Dick (“Minority Report”) y de Kubrick, cultivan una extraña mezcla de ficción y realidad.
Reconocen que los climas del cine y la ciencia ficción se parecen mucho a los que ellos intentan crear, y que esas admiraciones compartidas los definen como grupo.
Este suspenso ambiental es el que volvieron a narrar en “Silencio Modular”, su última muestra inaugurada en Daniel Abate en abril de este año. La obra se sitúa alrededor de la cola de una película que narra la abducción extraterrestre de una nena de cinco años. La peli es proyectada en la pared, y a su alrededor se puede ver el afiche y objetos de utilería: una mezcladora de cemento que parece una lámpara de peluquería con controles remotos; un sillón altísimo con parlantes recubierto de piel de oso polar blanco, y un piano de juguete con una planta que crece encerrada en una pecera de vidrio. El avance de la peli ayuda a adivinar que esos objetos podrían provenir de la grabación de las escenas de una invasión extraterrestre.
Así lo explica otro de los miembros del grupo: “Creo que el trailer, el afiche y los objetos se apoyan entre sí para generar un todo muy confuso. Nos interesa que se abran posibilidades dentro del cerebro de la persona que ve la muestra. Me gustaría que alguien viera el sillón, y pensara: ‘¿y esto qué es?’. Y que viera el video y atara los cabos sueltos y generara una hipótesis que se relacionara con otro objeto, que una nueva hipótesis anulara la anterior, y el proceso empezara de nuevo, hasta llegar a un montón de hipótesis absurdas. Eso se parece un poco a nuestro proceso de trabajo”.
La confusión, propia y ajena, es el lugar donde los Oligatega se sienten más cómodos: no quieren que nadie, ni ellos ni el público, pueda llevarse una idea clara de lo que sucede. Absteniéndose de la bajada de línea y del reciclado de lugares comunes, su obra apunta a un nuevo tipo de esteta: el que degusta con detenimiento las floraciones nerviosas del caos.

Oligatega Numeric: Un mensaje para los críticos de arte

“Silencio Modular” es el título de la última muestra de Oligatega Numeric*

en ramona n 61, www.ramona.org.ar
en EXITO www.hacemellegar.com.ar


Basta de hablar del grupo: es lo que hizo la mayoría de los críticos hasta ahora. (ver http://www.clarin.com/suplementos/si/2003/11/14/3-00712.htm )
Con motivo de su obra generalmente se alude en primer a lugar a los “problemas de la creación colectiva”, y así se pierden características de la obra. Ver http://www.danielabategaleria.com.ar/Pages/Artistas/oligatega/Info2.htm )

Absolución y caída definitiva de los críticos

Voy a justificar un poco a los críticos que hablan tanto del grupo y no de la obra. Hay algunas cuestiones: el arte colectivo es un fenómeno “interesantísimo”. En los sesenta se volvió una categoría más del arte. ¿Se imaginan la beca Kuitca sólo con artistas individuales, sin Oligatega ni Suscripción, por ejemplo? También recuerden que hace un par de años hubo gran profusión de grupos de artistas. Cierto que Oligatega, su historia y su extensa duración –siete años- también es un tema interesante. Y también cierto es lo difícil que puede resultar hablar de su obra, y que la forma de ser de ella está íntimamente ligada con su forma de producir –grupal-. Sin embargo, si yo fuera a una muestra de ellos y no supiera que son un grupo, ¿podría notar la diferencia? Creo que no. Y si tuviera que escribir algo sobre la obra, seguramente nada de lo del grupo entraría en el tema.
Hay otro punto que justifica esta ausencia de crítica sobre su obra. Es una “trampa” de los artistas. Voy a comentarla más extensamente para después saltar a su última muestra en la galería Abate, “Silencio Modular”.

La trampa

Justamente lo interesante del grupo es su negación a definirse. Siempre fueron coherentes en rechazar esa tentación. Y este rechazo no fue una intención explícita –claro: no confundirse, porque es muy fácil para un artista entrar en una palabrería del estilo “no me gusta definir mi obra”, “lo que yo hago es la conjunción de diferentes técnicas, una pluralidad de sentidos...”.- No. Lo de ellos no fue intención sino su esencia misma.
Así se explica que en su fundación, o en el momento de explicar origen del grupo acudieran a la ficción. Aquí algunos ejemplos:
1) Con motivo de una de sus primeras muestras, “Maravilla Tecnovilla”, dieron una entrevista –donde se habló del grupo y su forma de trabajo-. Allí dicen que hay un ente que organiza los procesos creativas, una especie de catalizador, “Mobo 6” – este es justamente el nombre de otra de sus muestras, donde la principal pieza es una especie de máquina - (http://proyectov.org/venus2/index.php?option=com_content&task=view&id=1590)
2) En este caso con motivo del problema de la identidad vemos en el texto de la muestra “De frente”, curada por Victoria Northon, que el ente ficticio aparece nuevamente, esta vez con el nombre “El enorme” - que es a su vez el título de una muestra anterior, donde la principal pieza es una especie de máquina parlante. Allí la obra también es leída como expresión del proceso creativo de los Oligatega. (http://www.cceba.org.ar/evento/evento.pl?evento=213 )
3) En la presentación que se hace de ellos en la galería Abate, aparece el tema de “lo ficcional” (http://www.danielabategaleria.com.ar/Pages/Artistas/oligatega/Info2.htm)
El grupo se negó a definirse y a definir la obra, dejándola a ella, a los curadores y a los críticos a solas con el problema de la escritura. Ante la presión ofrecieron a cambio una explicación de su forma de trabajo –la existencia de un ente-. Y por eso esta existencia del monstruo ficticio la vemos aparecer en muchos comentarios críticos. Así se escapa el detalle de que esos supuestos entes son los que vemos aparecer nada menos que como título de las muestras, como obra misma. Algunos críticos tomaron demasiado al pie de la letra lo que dijeron los artistas y lo repitieron, y esa última coincidencia nunca fue bien explicitada.


Crítica en el ambiente

El problema de los artistas teniendo que definirse o la gente definiendo los artistas y sus obras nuevamente es una preocupación que comenté en notas anteriores ( http://www.hacemellegar.com.ar/n8/html/lamothe.htm)
Hay una corteza crítica que rodea a las obras: periodistas, curadores, los propios artistas hablando de sus obras, las clínicas, los talleres, los libros de artista, las conferencias que dan artistas, hoteles en los que los artistas se reúnen durante semanas enteras a intercambiar experiencias para luego dar cuenta de ellas, curriculums que también deben escribir... y, desde que entramos a una galería, ya vemos antes que las obras, pegado a la pared, un palabrerío de plástico autoadhesivo y descartable... Otro ejemplo: la obra que ganó el premio en Currículo Cero el año pasado fue un video donde Luciana Lamothe explicaba e ilustraba cómo hacía sus intervenciones urbanas. Se premia la palabra del artista, la comunicación, se sabe que el speech es fundamental para ganar un concurso. Oligatega siempre se mantuvo ajeno a todo esto. Cuando tuvo que definirse usó un lenguaje telegráfico y concreto (http://www.mamba.org.ar/evento/evento.pl?evento=197), donde, obviamente, no hablaba de Oligatega sino de su trabajo.
En resumen: Oligatega Numeric se niega a producir más desecho teórico. Nos hace pensar. Y en esta última muestra su mensaje es realmente claro.
Ahora, manos a su obra....


El monstruo en escena

Un tema que se repite es el del monstruo hecho de diferentes chatarras combinadas. Este monstruo pertenece a una primera etapa. Es un monstruo usado para reproducir un lenguaje confuso, musical. Se encarga de confundir, asustar y sorprender. Un monstruo solitario que quiere jugar con vos, y es a su vez producto de un juego científico y de una fantasía de muchos niños y del ser humano: hacer un pozo en la tierra, mezclar pasta de dientes con fideos y que de allí nazca un ser vivo.
La idea de estas obras, como “Mobo 6” y “El enorme”, era el sumum dela creación: un ser creador. Las primeras obras se acercaban a experimentos de inteligencia artificial. Eran puestas en escena de ciencia ficción, monstruos como los de Philip Dick. Pero no escenas, sino personajes activos, porque la obra, ciertamente, se comunicaba con un lenguaje imposible de comprender. Estaba la posibilidad de considerarlo algo “freak” o “nerd”. Pero preferiría decir que el monstruo armaba una escena de comunicación, ponía en juego un intercambio, ofrecía un producto, presentándose como algo independiente, y tal vez esperaba algo a cambio.
En realidad esos monstruos eran emisores o medios de comunicación frustrados. Lo que pasaba era nadie era capaz de entender el mensaje. Lo cual no significaba que no hubiera un mensaje que al azar significara algo. Como el teorema del millón de monos, que dice: “si dejáramos a un millón de monos en una oficina, enfrente de máquinas de escribir, durante miles de años, ¿acaso no podría haber uno, que tarde o temprano, por casualidad no escribiera “Hamlet”? (http://en.wikipedia.org/wiki/Infinite_Monkey_Theorem).
A veces la palabra escena se confunde con algo estático. No. Recuérdese que una escena es, como en teatro, el comienzo y final de una comunicación entre dos personajes; en este sentido tenemos que pensar la idea de Oligatega Numeric haciendo “escenas con monstruos”. Recuérdese también la frase “no me hagas una escena”, o “no hagas una escenita”, la “escena musical”. Vemos que “escena” no es para nada estático.



“Mobo 6 dice” “El enorme”


“oldujici olkohdu conscienzoids”


El cine

Ahora sí podemos pasar a lo estático, que es el escenario, la ambientación, o las escenografías. Hasta ahora no se dijo nada de las puestas de Oligatega.
En “Crimental Kitchinet”, asistíamos a un salón donde, en apariencia, podría haber vivido un científico loco, pero nunca lo sabremos. El abandono de una oficina con sillas apiladas, máquinas de escribir estrafalarias, papeles abandonados, un escritorio, y al mismo tiempo, la colocación bombas en todo el edificio del Centro Cultural San Martín, reunía en un mismo lugar el pasado -la conspiración de un crimen- con un presente -las bombas funcionando a todo motor- y un futuro cercano -la explosión del lugar-, incluyendo en esto a todos los espectadores. Tal vez sería un poco exagerado, pero podríamos pensar esos objetos produciendo suspenso en los mismos términos en que Hitchcock lo definió: “es la llegada a su casa de un hombre luego del trabajo, al anochecer. Se saca los zapatos, prende su pipa y cómodamente sentado en su sillón favorito se dispone a leer un libro frente a la estufa. Debajo de su sillón hay una bomba a punto de estallar. El no lo sabe, pero nosotros sí...”.
El tema es la elaboración de una percepción determinada, típica del cine, que se construye sumando a la escena principal -la oficina abandonada-, otras imágenes -los objetos bombas. Es la producción de una secuencia cinematográfica mediante objetos pertenecientes al ámbito del arte plástico propiamente dicho. Esta técnica ha sido también explorada particularmente por Leandro Tartaglia, uno de los miembros del grupo.(http://www.hacemellegar.com.ar/n3/html/bloom%20-%20cine%20sin%20cine.htm).



Bombas de “Crimental Kitchinet”




En “Silencio Modular”, ambos temas –el monstruo en escena y la escenografía- encuentran un lugar. La muestra se compone de un video impecable, que dejó a los fans deleitados-, y una serie de objetos dispuestos en la sala: un piano de madera de juguete con un globo de vidrio incrustado que adentro tiene un paisaje, una máquina monstruosa cubierta de pelo de oso polar blanco, una cabina de nave espacial con forma de huevo gigante tipo casco giratorio que solamente podría ser propulsada por un monstruo que tuviera tentáculos en la cabeza tal como el que se ve en el video. El video trata de la llegada a la tierra de unos extraterrestres y la abducción casi voluntaria de una chica rubia de cinco años que viaja a reunirse con ellos. Todos los objetos antes mencionados forman parte del video. El piano es tocado por la chica para comunicarse con el monstruo, el casco comando forma parte de la nave, y el monstruo de oso polar también aparece sobrevolando el espacio. El pasado, el video, nos enfrenta con el presente de los objetos, y nos obliga a interrogarlos como restos de un crimen, como señales. Los objetos soportan el hilo conductor de un relato, quieren comunicar algo incomunicable, porque no pueden hablar y por lo tanto remiten al video. En “Crimental Kitchinet” presenciamos más bien la escena del crimen; en “Silencio Modular” vemos la evidencia, objetos sacados fuera de contexto, expuestos como si estuvieran en un museo.

El título, “Silencio Modular”, conduce otra vez a la ausencia de comunicación. También vemos la ausencia de comunicación en el título de otra de sus muestras, “El Enorme”. ¿El enorme qué?. Ahí falta un sustantivo, ¿el enorme monstruo, el enorme fantasma, el enorme miedo, el enorme silencio?
Una constante de las obras es la puesta la colocación del espectador en un canal de comunicación, rodeado de dispositivos como monstruos, medios de comunicación, películas, escenas fragmentarias u objetos que generan narraciones en las que el espectador es protagonista.
Este punto es para destacar, porque también vimos últimamente en el Malba algunos despliegues de obras donde el espectador es requerido como parte de la obra: en Darkroom, Cosmococas (http://hacemellegar.com.ar/postcosmococas.htm), la experiencia del espectador es de alguna manera dirigida (mediante instrucciones o advertencias con respecto al contenido de las imágenes y su peligrosidad, incluso capturada -por el uso de la cámara-, usada, prohibida, rodeada de cantidades de materia textual), que dan pasto y pasto a los críticos para hablar sin parar de “la experiencia estética”, y nunca mencionar la obra en profundidad. Estos ejemplos (http://www.darkroom.org.ar/prensa/artealdia.htm) de las notas del Darkroom lo muestran claramente.
En resumen, “Silencio Modular” es una obra liberada de la critica, habla por sí sola, deja en paz a los espectadores, y ese respiro realmente se lo agradecemos.

Más links de interés:
Ficha completa de Oligatega: (http://www.cceba.org.ar/db/artista.pl?id=232)
Imágenes: http://www.rojas.uba.ar/kuitca/grupos/oligatega_numeric/index.html

“Silencio Modular”, de Oligatega Numeric, se puede visitar en la Galería Abate Pasaje Bollini 2135 hasta el 15 de junio.

Leandro Tartaglia: Cine sin cine

Algunos comentarios sobre Bloom, la obra de Leandro Tartaglia en Estudio Abierto, y Felicia en el reino de los Elocuants

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Felicia en el reino de los Elocuants, que continuará su desarrollo a partir del sábado 13 y días subsiguientes, partiendo de la plaza de enfrente al hotel Hilton, a partir de las 14 horas, y que consiste en un paseo en bicicleta llevando unos auriculares puestos, había sido interrumpida momentáneamente por otra de su mismo autor: Bloom, que Leandro Tartaglia mostró en Estudio Abierto.
Eran dos sillones de madera colocados en la vereda del Palacio Barolo, mirando a la Avenida de Mayo. La gente se sentaba y se ponías unos auriculares que emitían grabaciones de escenas sonoras.
Una conclusión que podemos sacar de esta experiencia es que el cine argentino en realidad no es malo: solamente es fiel a la realidad.
Por ejemplo cuando uno sale de su casa a la una de la mañana y va al kiosco y pide “un philipe de diez por favor” ¿No parece que estuviera protagonizando una fugaz escena de una película argentina?. ¿O al entrar al subte y escuchar a un tipo que toca con una flauta un tema de león Gieco?
Lo mismo pasa con Bloom. Escuchamos palabras argentinas, vemos pasar colectivos, y podríamos pensar que todo el contexto de nuestra vida es el argumento para una película Argentina más.

Ahora Leandro Tartaglia es un productor. Tiene un celular que al funcionar le ilumina la oreja con un enjambre de luces rojas, y el pelo mucho más corto.
Tan elegante como los sillones que él mismo diseñó en madera suave, liviana y natural.
En Felicia en el reino de los Elocuants, es él quien conduce la bicicleta y nos cuida de no morir en un accidente de tránsito. Eso y sentarse en ese sillón con él cuidando nuestras espaldas, ¿no es entregarse realmente al artista?
Por el paseo en bicicleta LT pide a cambio que la gente entregue un texto o imagen acerca de la experiencia. ¿No es eso algo muy parecido a una relación?
Parece propiciar verdaderas relaciones entre gente extraña, pero más que eso algo casi inimaginable: una relación personal con el artista.

Lo que produce el cine, esa sensación de recogimiento y protección motivada por estar en la oscuridad rodeados de personas respirando al mismo ritmo, hipnotizados por la imagen y rodeados del volumen cada vez más atronador, el aire acondicionado perforándonos las piernas, no es una sensación de placer sino de tensión. Nos enfrentamos juntos y en silencio a un poder cautivador. Pero sabemos que tendrá fin. Por eso salir del cine y volver a los colores y temperatura de la vida diaria produce cierto alivio.
En Bloom estamos en ese mismo momento. En medio de la calle, la imagen amenazadora de la pantalla ha desaparecido y también el resto de los espectadores.
También quedamos liberados de la imagen de la calle, porque estamos en otro lugar, somos voyeaurs escuchas de algo que podría estar pasando en la ciudad. Pero la condición para escuchar esta historia es que nuestro cuerpo quede inmovilizado y a la intemperie. Peligro. Somos como los videntes de Minority Report.
La conexión con la gente extraña que pasa por la calle es completa. Ellos saben que algo está pasando en nuestro interior, porque ven que tenemos puestos auriculares gigantes. Nuestras miradas se cruzan y nos entendemos al instante. Ellos saben que estamos en otro lugar y saben que nosotros sabemos que ellos lo saben. Pero al mismo tiempo somos completamente ajenos porque la imagen de ellos es sólo un ingrediente, por eso los transeúntes giran la vista y dejan de mirarnos enseguida.

“Son los susurros de mi memoria desesperada que reconstruye las únicas alegrías de mi vida. Estoy a punto de morir en una guillotina y todos los vienen a mi cabeza en un segundo, antes de que esté completamente carbonizada por un shock eléctrico. ¿Tan culpable fui que la gente pasa al lado mío y sigue adelante sin preocuparse por mi destino?” Eso pensé.
Sentarse en ese sillón con los auriculares y nada enfrente excepto la calle, hace que uno se sienta realmente a solas consigo mismo.
La mirada de los otros no nos inhibe, todo lo contrario: estamos allí para reír y llorar. La obra nos obliga a intentar reproducirla en nuestro cuerpo ante espectadores fugaces.
El artista no es capaz ver nuestro rostro, tampoco el que está al lado nuestro en el otro sillón puede saber qué recepción de la obra estamos teniendo, solamente un taxista, o el que riega las plantas en el balcón podría sospecharlo, y aún así rápidamente tiende a apartar la vista, y además resulta más sorprendido por el conjunto de los sillones que por nosotros mismos. Es el atardecer. No. El anochecer. El movimiento del tránsito nos relaja, el viento que mueve los árboles nos da una sensación de lejanía.
Estamos aislados en el centro de la ciudad. Lo que escuchamos viene de otro lugar, y podría estar sucediendo en alguna parte.
El viento se vuelve fresco pero no podemos despegarnos del rígido asiento y muchísimo menos entrecerrar los ojos.
El show debe continuar.

Luciana Lamothe: Un momento para escribir sobre el arte

La muestra de Luciana Lamothe, intitulada como el nombre de su autora y llena de referencias a la obra misma, exige una reflexión sobre los diferentes momentos en la relación entre el arte y las palabras.

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En su trabajo anterior, dentro de la muestra colectiva “Ocultar para ver” curada por Victoria Noorthoorn para la inauguración del Museo Metropolitano, Luciana Lamothe hacía uso de artefactos u objetos abandonados del museo. Esta muestra, puede decirse, mantuvo con las instancias escritas posibles para el arte una relación fluida. Fue anunciada en afiches de la vía pública donde aparecía el nombre de Luciana Lamothe, y después una nota en Radar (http://www.pagina12web.com.ar/diario/suplementos-/radar/9-2252.html) le dedicó un capítulo especial a la instalación, comparándola con algo que en USA se llama “arqueología de rescate”, tecnología que consiste en traer a la luz objetos desparecidos.

Ahora su nombre reaparece; esta vez nada menos que en el título de su propia muestra, “organizada” por Milagros Velasco y Lara Correa, productoras de la revista ramona y proyecto V (http://www.proyectovenus.org). Por su parte, ellas dicen que no quieren usar la palabra “curar”, y el texto que escribieron sobre la muestra está pegado en una hoja de carpeta sobre la pared, de una manera que no se diferencia de la obra. En vez de estar al principio, a la vista del que empieza a ver, está de algún modo al final del recorrido. Es un papel que casi flota en el aire, corto, como si no quisiera agregar más palabras. Es que la obra misma está llena de ellas.

La muestra está compuesta de cuadrados y rectángulos, blancos o de colores, plastificados, y se completa con una serie de frases. Estas frases, similares a poemas, funcionan como respuestas anticipadas a preguntas que uno podría hacerse sobre el porqué de la obra. Algunas son, por ejemplo: “Elige las mejores / y copia las que mejor se copian / y después elige las mejores copias / y después guarda todo junto”. “Se parece pero no es / no tiene nada que ver / entonces sacalo”. “Entre estos dos hay un silencio / entre estos dos hay otro silencio / el primero es más profundo / el segundo es más largo”.
Hay una considerable cantidad de texto, y esto pudo haber incomodado al público. La obra hace parecer preguntarse: ¿qué sucede si invito a hablar de mí misma en el preciso momento de verme?
Y podríamos agregar otra pregunta: ¿en qué momento se habla o se escriben sobre arte, y quién habla o escribe? Hay algo desesperado y exigente en ella, que es querer producir más palabras a partir de palabras. Estas frases como versos, a partir de los cuales la obra escribe más sobre sí misma, son invitaciones a pensar urgentemente, mientras la estamos viendo, sobre ella misma.
Otra forma de interpretarla es usándola para reflexionar sobre diferentes momentos de la escritura en el arte.

Tal vez la vernissage sea, de todos los momentos de una obra, el menos reflexivo. Por eso los artistas que necesitan reflexión tienen otros espacios. Por ejemplo, uno que ya es considerado fundamental para la historia del arte puede ser una revista, como ramona. Otros pueden ser los talleres o las becas. Otro momento es una reunión con el curador. ¿Cómo es esa reunión? ¡¿Qué comerán / tomarán?! Como mínimo se puede suponer que hablan, ¿pero de qué y cómo? ¿Hay algún compromiso al que el artista deba someter su obra frente a la instancia curatorial?

Otro momento de reflexión: el curador escribe un texto que en general se pega con letras adhesivas a la pared al principio de la muestra para que la gente lo pueda leer. Durante los últimos años los curadores nos han atosigado con sus textos. Hay variedad. Algunos son muy buenos y hasta dan ganas de editarlos, como los de Gumier Maier. Pero a veces uno no deja de preguntarse: ¿qué está diciendo este curador? ¿Qué quiere?!! ¡¿Qué quiere de mí?! Angustia cuando el texto es demasiado largo; placer de saber que se lo puede dejar pasar sin perjuicio...

Seguramente los periodistas sí leen esos textos de curadores que figuran en catálogos y/o paredes de las muestras. Este es el momento donde los críticos de arte escribirán otro texto para publicar.

¿Pero hacen caso los críticos de arte a los textos de los curadores, o a los textos de los artistas? Al respecto hay una historia bastante conocida. Roberto Jacoby, en su instalación “Darkroom”, era él mismo el encargado de explicar cómo debía proceder el espectador. Había que bajar a un cuarto completamente oscuro con una cámara infrarroja en mano, de manera que sólo mediante la grabación se podía llegar a ver algo de las escenas que sucedían en la oscuridad. Esto fue comunicado por una asistenta a una conocida crítica de arte del diario La Nación. Sin embargo, ella decidió “experienciar la obra a su manera”, y entró al Darkroom con los ojos cerrados. De forma que no pudo ver el mundo secreto que se escondía en el darkroom. Por supuesto, cuando charló con el artista fue advertida de que esta omisión podía llevarla a escribir sobre a obra algo que no concordara en lo más mínimo con la realidad percibida por el resto de los espectadores, y tuvo que volver a entrar en el Darkroom de la forma indicada por el artista.

Otro momento. Los artistas escriben un texto que a veces forma parte de su obra: ¿qué hacen los artistas con sus propios textos? Al parecer, esos discursos exigen un tipo de lectura diferente al que la crítica y el periodismo nos acostumbran (aunque a veces el desafío conceptual radique, precisamente, en emparentar uno y otros). A veces están cargados de una intención muy explícita, pero otras no se sabe bien qué hacer con ellos. Veamos, para terminar, un último episodio.

En la muestra de arte joven organizada por Orly Benzacar hace dos años ella le pedía enfáticamente a otra joven artista que por favor leyera el texto de la obra de Leopoldo Estol, donde él explicaba en qué consistía su obra. Esto era que durante la muestra él estaría diseminando en las inmediaciones de la galería unas servilletas de papel. En ese momento, una espectadora un poco inocente se acercó a Estol y le preguntó: ¿pero qué hacés acá, Leo, no deberías estar en la Plaza San Martín trabajando en tu obra? Ciertamente esta chica tenía un problema que era tomarse los textos demasiado en serio.


La muestra de Luciana Lamothe “Luciana Lamothe” se puede ver en Juana De Arco, El Salvador al 4700.
Luciana Lamothe es conocida por sus intervenciones callejeras y su trabajo en calcado de superficies del espacio urbano, como veredas, puertas, rejas.
Por una obra como esta fue ganadora de la Primera Bienal Venus en Tandil. Pueden verse fotos en www.proyectovenus.org